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Patricia Schroeder

Magíster en Gestión de Comunicación en las Organizaciones por la Universidad Austral

Directora del Máster en Dirección de Comunicación

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Nuestra vida en una vidriera: desafíos y oportunidades
Por Patricia Schroeder

Decorar una torta de cumpleaños y subir la foto a Facebook, recibir el beso de un hijo y subir la foto a Facebook, encontrarse con un dibujo con dedicatoria después de una larga jornada de trabajo y subir la foto a Facebook son situaciones que observamos a diario y no nos llaman la atención. No nos sorprende que lo que en algún momento estuvo reservado para la intimidad familiar hoy puede estar en la mirada de muchos.

En la ultima década la sobrecomunicación nos llevó a ser hipervisibles, todo lo que hacemos y pensamos puede ser compartido en un entorno muy amplio. Nos fuimos acostumbrando y por eso no cuestionamos cuando nuestras experiencias —a veces triviales y otras trascendentes— son observadas por miles de personas. Tal vez sí nos sorprendemos cuando la observación lleva a la crítica y somos juzgados de un modo molesto.

Este modo de relacionarnos con nuestro entorno cercano y lejano nos abre un abanico de oportunidades y al mismo tiempo tiene riesgos. En este articulo, quisiera compartir con ustedes reflexiones sobre estas dos caras de la visibilidad.

Las oportunidades de este nuevo modelo de comunicación social. El mundo digital en el que nos movemos incluye redes sociales, medios de comunicación, blogs, sitios webs, entre otros. En ese mundo dialogan miles de voces con opiniones di- versas; la conversación entre actores sociales se ha amplificado de una forma exponencial. Cada uno de nosotros —en mayor o menor medida— emite opinión, se suma o no a causas sociales, discute con quienes tiene visiones opuestas, suma su parecer al de otros. El primer atributo de este nuevo modelo es que ha generado un ámbito de conversación ampliado y ha contri- buido a una cultura que valora el diálogo, la tolerancia y la inclusión de minorías.

El nuevo modelo nos aproxima a un gran número de historias que son lejanas a nuestra realidad inmediata. En el celular vemos y compartimos un número mucho mayor de experiencias ajenas, emprendimientos, historias de vida ejemplares.

La televisión ya lo mostró, la nueva era digital lo multiplicó. Un ingrediente adicional: estos relatos y experiencias muchas veces están contados por sus propios protagonistas. Las minorías sociales, en su más diversa forma de ser minoría, hoy tienen un lugar en este diálogo social. Pueden acercar su testimonio, su forma de enfrentar el mundo, su modo de pensar, sus sueños y las causas por las que quieren luchar.

Así como otros cuentan su historia, yo también puedo contar la mía. Esto me lleva a valorar el segundo atributo del nuevo modelo: ya no necesitamos intermediarios para compartir una idea que puede inspirar a otros, para denunciar una situación que queremos cambiar, dar nuestra opinión sobre un asunto social de importancia o inspirar a otros con buenas ideas. Todos pueden alzar su voz, yo también. Los medios de comunicación tradicionales siguen siendo parte importante de este sistema pero no tienen la exclusividad. Esto nos empodera, nos brinda la posibilidad de ser actores influyentes en la producción de contenidos.

Esta nueva alternativa no pasa desapercibida para los responsables de comunicación de las empresas. La gestión de contenidos digitales es parte importante de las campañas de marketing y crece en cuanto a la adjudicación de recursos. Las marcas tienen hoy un abanico enorme de posibilidades para interactuar con sus audiencias, existen mayo- res opciones para construir lazos con los stakeholders.
En tercer lugar, el nuevo modelo también trae de la mano una mayor transparencia en la vida de las personas y de las organizaciones. Cuando nos referimos a políticos, líderes de opinión u otra categoría de personas públicas, este aspecto cobra especial relevancia. Los errores y las malas decisiones circulan por redes y quedan expuestas al juicio de miles de observadores críticos.

La otra cara de la visibilidad. La sobrexposición nos exige tener conciencia de los riesgos que se corren.

El mundo digital tiene millones de observa- dores que rápidamente pasan a ser críticos y muchos de ellos tendrán fallo favorable mientras otros pondrán su pulgar hacia abajo. La opinión pública se transforma en juez, intenta identificar culpables, analiza las pruebas y emite su fallo. Mientras los procesos judiciales llevan años, en el escenario mediático se resuelve en un tiempo muy escaso.

Saber que estamos bajo la mirada crítica de millones de per- sonas, que además están habilitadas a pu- blicar su opinión sobre lo que tienen es un llamado de atención. En primer lugar, tomar conciencia de la doble cara de nuestra exposición y, en segundo término, una gestión responsable de nuestras publicaciones.

La crisis mediáticas se han multiplicado. Lo que an- tes quedaba limitado a lo que medios de información quisieran publicar, hoy queda expuesto al juicio de millones que pueden mostrar su punto de vista.

Esta realidad nos ha llevado también a una pérdida de intimidad. Cuestiones domésticas dejan ese espacio para ser propiedad de muchos. Lo delicado es que una vez que se instalan fuera de la privacidad, una vez que pasan al dominio público no hay vuelta atrás. En muchas ocasiones somos nosotros mismos los que divulgamos esa intimidad y creo que debemos tomar mayor conciencia de qué, cómo y para qué compartimos información.

Esta reflexión es válida para las empresas con la diferencia de que el riesgo es mayor. La filtración de cuestiones privadas puede ser protagonizada por empleados o por clientes. Obviamente, la legislación ha regulado este asunto, se protege la veracidad de la información, pero una vez que algo toma estado público, todo lo que afecta a la buena reputación de las personas o de las organizaciones ya no tiene vuelta atrás. La exposición mediática nos sitúa en una sociedad que crece en diálogo, en transparencia, con información democratizada y nos empodera en la gestión de contenidos. La contracara es el riesgo que esto conlleva y la pro- puesta es tomar conciencia para gestionar con pru- dencia y responsabilidad nuestro protagonismo en la opinión pública.






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